La función del olfato proporciona información sobre nuestro entorno. En ocasiones nuestro sentido del olfato puede avisarnos de peligros potenciales. Por ejemplo, el olor a humo indica fuego. Otras veces proporciona información más general; por ejemplo, si hay o no comida cerca. También puede proporcionar información sobre la identidad de otros seres vivos. Todos tenemos nuestro propio y único olor característico (¡algunos más agradables que otros!).
Los perros pueden utilizar el olfato para distinguir la ropa que llevan puesta dos mellizos (pero no la que llevan puesta dos gemelos, presumiblemente porque son idénticos y huelen de modo idéntico). Los niños pueden distinguir a sus hermanos de otros niños de la misma edad, también empleando el olfato.
Se piensa que el sentido del olfato de los elefantes, es el mejor de todos los mamíferos terrestres. Los adiestradores de animales han aprovechado su poderoso sentido del olfato y los han adiestrado para detectar a los cazadores furtivos. Las hormigas invasoras emplean su sentido del olfato para saber cuándo deben abandonar el hormiguero en busca de comida. Sólo salen cuando huelen que regresan a la colonia suficientes hormigas exploradoras, de modo que puedan estar seguras de que es seguro hacerlo.
Parece que el sentido del olfato de los humanos se desarrolla a una edad muy temprana. Los bebés de un solo día de edad muestran expresiones faciales de rechazo cuando huelen pescado o el hedor de un huevo podrido. La reacción de los humanos a los olores es tan intensa que algunos investigadores han estudiado incluso la posibilidad de emplear como arma una sustancia con olor a podrido.